Benedictus XVI

Joseph Ratzinger

19.IV.2005

-

28.II.2013


Cardeal Joseph Ratzinger :“A verdade é que o próprio Concílio não definiu nenhum dogma e conscientemente quis expressar-se em um nível muito mais modesto, meramente como Concílio pastoral; entretanto, muitos o interpretam como se ele fosse o super dogma que tira a de todos os demais Concílios". (Cardeal Joseph Ratzinger, Alocução aos Bispos do Chile, em 13 de Julho de 1988, in Comunhão Libertação, Cl, año IV, Nº 24, 1988, p. 56).
Cardinal  Joseph  Ratzinger

FROM SELF-CRITICISM TO SELF-DESTRUCTION

"Certainly, the results [of Vatican II] seem cruelly opposed to the expectations of everyone, beginning with those of Pope John XXIII and then of Paul VI: expected was a new Catholic unity and instead we have been exposed to dissension which---to use the words of Paul VI---seems to have gone from self-criticism to self-destruction. Expected was a new enthusiasm, and many wound up discouraged and bored. Expected was a great step forward, and instead we find ourselves faced with a progressive process of decadence which has developed for the most part precisely under the sign of a calling back to the Council, and has therefore contributed to discrediting for many. The net result therefore seems negative. I am repeating here what I said ten years after the conclusion of the work: it is incontrovertible that this period has definitely been unfavorable for th Catholic Church."

L'Osservatore Romano (English edition),
24 December 1984

quinta-feira, 5 de fevereiro de 2015

San Josemaría advirtió a sus hijos de la "fiebre introducida en la Iglesia" tras el Vaticano II en una serie de cartas no reconocidas por la prelatura


San Josemaría advirtió a sus hijos de la "fiebre introducida en la Iglesia" tras el Vaticano II en una serie de cartas no reconocidas por la prelatura

11/02/10 Ante las reacciones producidas a la noticia de la introducción del Motu ProprioSummorum Pontificum en la prelatura del Opus Dei, que ha sido publicadas recientemente por la web de la asociación Una Voce Málaga, SECTOR CATÓLICO quiere hoy poner en conocimiento de sus lectores una serie de escritos atribuidos al fundador del Opus Dei, que son conocidos como las "cartas campanadas". En ellas, san Josemaría Escrivá advertía a sus hijos de los riesgos que implicaban las reformas introducidas en la Iglesia tras la celebración del Concilio Vaticano II y cuyo contenido no ha sido hecho público de manera oficial por esta institución eclesiástica.

fonte:sector católico
La primera de ellas, fechada el 28 de marzo de 1973 (dos años antes de su muerte), se puede leer lo siguiente:

Primera ‘Campanada’, CARTA 28-III-1973, Josemaría Escrivá de Balaguer

1 Queridísimos: que Jesús me guarde a esos hijos, que la gracia y la paz llenen vuestras obras, por el conocimiento de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo (II Petr. I, 2).

Una vez más me siento urgido a escribiros, haciendo eco en vuestros corazones de aquellas palabras que San Pedro dirigía a los fieles de la Iglesia naciente:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha regenerado con una viva esperanza, mediante la resurrección de Jesucristo entre los muertos, para una herencia incorruptible, que no puede contaminarse y que es inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, a quienes la virtud de Dios conserva por medio de la fe, para haceros gozar de la salud, que ha de manifestarse en los últimos tiempos.

Esto es lo que debe transportaros de gozo, aunque ahora por un poco de tiempo conviene que seáis afligidos con varias tentaciones. para que vuestra fe, probada de esta manera y mucho más acendrada que el oro -que se acrisola con el fuego-, se halle digna de alabanza, de gloria y de honor, en la venida manifiesta de Jesucristo (I Petr. I, 3-7).

2 Tiempo de prueba son siempre los días que el cristiano ha de pasar en esta tierra. Tiempo destinado, por la misericordia de Dios, para acrisolar nuestra fe y preparar nuestra alma para la vida eterna.

Tiempo de dura prueba es el que atravesamos nosotros ahora, cuando la Iglesia misma parece como si estuviese influida por las cosas malas del mundo, por ese deslizamiento que todo lo subvierte, que todo lo cuartea, sofocando el sentido sobrenatural de la vida cristiana.

Llevo años advirtiéndoos de los síntomas y de las causas de esta fiebre contagiosa que se ha introducido en la Iglesia, y que está poniendo en peligro la salvación de tantas almas.

3 Deseo insistiros, para que permanezcáis vigilantes y perseveréis en la oración: vigilate, et orate, ut non intretis in tentationem (Matth. XXVI, 41): ¡alerta y rezando!, así ha de ser nuestra actitud, en medio de esta noche de sueños y de traiciones, si queremos seguir de cerca a Jesucristo y ser consecuentes con nuestra vocación. No es tiempo para el sopor; no es momento de siesta, hay que perseverar despiertos, en una continua vigilia de oración y de siembra.

¡Alerta y rezando!, que nadie se considere inmune del contagio, porque presentan la enfermedad como salud y, a los focos de infección, se les trata como profetas de una nueva vitalidad.

Hijos míos, vivamos cara a la eternidad de esa herencia incorruptible que nos ofrece Dios Padre por Jesucristo. Los días, aquí, son pocos y urge trabajar en la tarea de la salvación sin perder un momento, ahogando el mal en abundancia de bienes. Quien se quedara paralizado, por la fuerza agresiva de esa amarga oleada, acabaría siendo arrastrado.

4 Convenceos, y suscitad en los demás el convencimiento, de que los cristianos hemos de navegar contra corriente. No os dejéis llevar por falsas ilusiones. Pensadlo bien: contra corriente anduvo Jesús, contra corriente fueron Pedro y los otros primeros, y cuantos -a lo largo de los siglos- han querido ser constantes discípulos del Maestro. Tened, pues, la firme persuasión de que no es la doctrina de Jesús la que se debe adaptar a los tiempos, sino que son los tiempos los que han de abrirse a la luz del Salvador. Hoy, en la Iglesia, parece imperar el criterio contrario: y son fácilmente verificables los frutos ácidos de ese deslizamiento. Desde dentro y desde arriba se permite el acceso del diablo a la viña del Señor, por las, puertas que le abren, con increíble ligereza, quienes deberían ser los custodios celosos.

Pensaréis que, entonces, ser fieles no es tarea cómoda. Hijos míos, dificultades las ha habido y las habrá siempre, aunque las circunstancias actuales son verdaderamente duras, precisamente porque las asechanzas del diablo -repito- vienen alentadas desde dentro de la Iglesia. Pero siempre son superables las dificultades por quien, reconociendo su personal debilidad, confía en la fortaleza de Dios. Confiar en la fortaleza de Dios es decidirse a rezar y a tomar la firme resolución de vigilar, con la lucha interior, para alejar las ocasiones de cuanto pueda debilitar la fe o entibiar nuestro Amor al Señor. Alerta, pues, hijos míos. Alerta: sin olvidar jamás de dónde venimos y adónde vamos; es decir, conscientes de nuestra filiación divina y del fin sobrenatural al que Dios, gratuita y misericordiosamente, nos ha llamado. Sabedores de la bajeza de nuestra pobre condición humana -que nos ayudará a no fiarnos de nosotros mismos- y, a la vez, de la grandeza de nuestra vocación.

5 En situaciones como las que padecemos, las verdades eternas han de quedar firmemente asentadas en nuestra alma, orientando nuestra conducta. Para que las verdades eternas estén con esta firmeza, hemos de ser hombres o mujeres de vida interior. Por eso, hijos míos, desde el comienzo de nuestra Obra, no me he cansado de enseñar lo mismo: la única arma que poseemos es la oración, rezar de día y de noche. Y ahora os vuelvo a repetir lo mismo: ¡rezad!, ¡rezad!, que hace mucha falta. Estoy persuadido de que esa corrupción creciente que se ve en el mundo, se debe a que muchos en la Iglesia han dejado de rezar. Vos estis sal terrae… Lo dijo el Señor: vosotros sois la sal de la tierra. y si la sal se hace insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Para nada sirve ya, sino para ser arrojada y pisada de las gentes (Matth. V, 13). La sal del mundo es la Iglesia: si esa sal se desvirtúa y pierde su sabor, si la luz se apaga, toda la tierra se hunde. Es hora, pues, de rezar mucho y con amor, y de pedir al Señor que quiera poner fin al tiempo de la prueba.

6 No podemos dejar de insistir. No buscamos nada para cada uno de nosotros, por interés personal; buscamos la santidad, que es buscar a Dios. Y Él espera que se lo recordemos con insistencia. Se están causando voluntariamente heridas en su Cuerpo, que va a ser muy difícil restañar. Nos dirigimos a la Trinidad Beatísima, Dios Uno y Trino, para que se digne acortar cuanto antes esta época de prueba. Lo suplicamos por la mediación del Corazón Dulcísimo de María; por la intercesión de San José, nuestro Padre y Señor, Patrono de la Iglesia universal, a quien tanto amamos y veneramos; por la intercesión de todos los Ángeles y Santos, cuyo culto algunos intentan extirpar de la Iglesia Santa.

Que sepamos clamar con nuestra vida, con nuestras palabras, con nuestro deseo, con nuestro pensamiento. Que sepamos porfiar de tal manera que Él se vea obligado, dulcemente forzado a intervenir.

Hay tantos miles de personas rezando por mi intención, tantos enfermos que ofrecen sus dolores, tantos que van muriendo serenamente, entregando su vida siempre por el mismo motivo, tantas Misas cada día, tantas horas de trabajo, tantas mortificaciones voluntarias… Pongo todo eso en manos de Dios, en la presencia del Señor, en la presencia de su Madre, en la presencia del Santo Patriarca; y a la vez, pongo las miserias mías y las de todos, las faltas que por fragilidad o por inadvertencia hayamos podido cometer: nuestros pecados. Imploramos perdón al Señor. Le rogamos que tenga piedad de su Iglesia, de las almas, en estos momentos que son como de locura colectiva.

¡Oyenos, Señor! Aumenta nuestra fe, más aún. Repitamos, con el centurión: tantum dic verbo (Matth. VIII, 8), di una, sola palabra, ¡una sola!, y se arreglará todo: desaparecerán esas continuas dudas, temores y vacilaciones, y en tu Nombre nos confirmarán en la fe. Mira, Señor, que andan sueltos los ángeles infieles, sueltos en la tierra como los lobos, y tu rebaño se dispersa: percutiam pastorem, et dispergentur oves gregis (Matth. XXVI, 31).

7 Junto con la oración de petición, hijos míos, hagamos oración de adoración. Adoremos a Dios, cuando se le está arrojando de la vida de los hombres -y hasta de sus templos- como a un intruso. Adorad a Dios Uno y Trino, en medio de este desierto que se va poblando de tantos falsos dioses, construidos con las manos -con la soberbia, con la avaricia, con la sensualidad- de los hombres.

Cuidadme los actos de culto, de modo especial los sacerdotes. El que no diese categoría a una simple inclinación de cabeza, no ya como manifestación elemental de respeto, sino de amor, no merecería llamarse cristiano. Alabad continuamente a la Trinidad Beatísima, a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, con vuestra vida entera, pero de modo particularmente intenso en la Santa Misa.

La Santa Misa es el centro y la raíz de nuestra vida interior, es el momento supremo para adorar, para romper en acción de gracias, para invocar, para desagraviar. Algunos se afanan todo lo posible por arrancar, del dogma, la certeza de esa renovación incruenta del Sacrificio divino del Calvario. ¡Razón de más para que nosotros cuidemos con especial tesón vivir la Misa bien identificados con Cristo Señor Nuestro, que es el Sacerdote principal y la Víctima!

Señor, yo creo firmemente. ¡Gracias por habernos concedido la fe! Creo en Ti, en esa maravilla de amor que es tu Presencia Real bajo las especies eucarísticas, después de la consagración, en el altar y en los Sagrarios donde estás reservado. Creo más que si te escuchara con mis oídos, más que si te viera con mis ojos, más que si te tocara con mis manos. Jesús Sacramentado, que nos esperas amorosamente en tantos Sagrarios abandonados, yo pido que en los de nuestros Centros te tratemos siempre bien, rodeado del cariño nuestro, de nuestra adoración, de nuestro desagravio, del incienso de las pequeñas victorias, del dolor de nuestras derrotas.

8 Petición, adoración y desagravio, hijos míos. Es hora de reparar al Señor. Desagraviadle, porque es el momento de quererle. Siempre es la hora de amarle, pero en estos tiempos, cuando se hace tanta ostentación de presuntuosa indiferencia, de mal comportamiento, cuando se pretende ahogar el trato personal entre Dios y la criatura con la excusa de un superficial comunitarismo; en estos tiempos, hijos, hemos de acercamos más aún al Señor para decirle: Dios mío, te quiero; Dios mío, te pido perdón.

Cultivemos un fuerte espíritu de expiación, también porque hay mucho que reparar dentro del ambiente eclesiástico. Debemos pedir perdón, en primer lugar, por nuestras debilidades personales y por tantas acciones delictuosas que se cometen contra Dios, contra sus Sacramentos, contra su doctrina, contra su moral. Por esa confusión que padecemos, por esas torpezas que se facilitan, corrompiendo a las almas muchas veces casi desde la infancia.

Cada día caigo más en la cuenta de esta urgente necesidad. Y esto nos obliga a buscar cada día más la intimidad con Dios: os aconsejo que hagáis lo mismo. Pongámosle delante, al Señor, el número de almas que se pierden y que no se perderían si no se les hubiese metido en la ocasión; almas que abandonan las prácticas religiosas, porque ahora se difunde impunemente propaganda de toda clase de falsedades, y resulta en cambio muy difícil defender la ortodoxia sin ser tachados -dentro de la misma Iglesia, esto es lo más triste- de extremistas o exagerados. Se desprecia, hijos míos, a los que quieren permanecer constantes en la fe, y se alaba a los apóstatas y a los herejes, escandalizando a las almas sencillas, que se sienten confundidas y turbadas.

Vamos a tomar, pues, resoluciones firmes y concretas de adorar, de pedir, de satisfacer, acudiendo por el Corazón Dulcísimo de María, al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesucristo. Una oración así será bien recibida por el Señor y encenderá nuestro celo, dará diligencia a nuestro Amor, para caminar por este mundo sembrando la verdadera paz de Cristo.

9 Comprendemos claramente que la fidelidad a Jesucristo exige permanecer en continua vigilia, porque no cabe confiar en nuestras pobres fuerzas. Hemos de luchar siempre, hasta el último instante de nuestro paso por la tierra: éste es nuestro destino. Luchar, no sólo en nuestro interior, sino también por fuera, oponiéndonos a esa presión destructora, peleando denodadamente contra el demonio, porque Satanás no descansa en su labor devastadora: él fue homicida desde el principio (Ioann. VIII, 44). No es lógico desentenderse de esa contienda, hijas e hijos míos. Nos hemos negado a tantas cosas lícitas y nobles por servir a la Iglesia, por salvar almas. Tenemos más deber y más derecho que otros, tenemos más responsabilidad.

En una palabra, vigilar, hijos, es luchar, para ser buenos cristianos. La situación actual de la Iglesia impone, con más responsabilidad que nunca, la correspondencia sincera a nuestra vocación. Precisamente ahora es más indispensable la fidelidad, el procurar vivir cara a Dios, sabiendo que arrastramos defectos, pero que esto no nos autoriza a desertar. Renovemos todos un propósito firme de lealtad. Si vosotros y yo decidimos -¡seria y serenamente!- luchar, dejar que Dios actúe con libertad en nuestro corazón y en nuestra alma, lograremos que sea menor el número de los que le ofenden, de los que se olvidan de Él.

10 La lucha tiene un frente dentro de nosotros mismos, el frente de nuestras pasiones. Vigila quien pelea interiormente, para apartarse decididamente de la ocasión de pecado, de lo que puede debilitar la fe, desvanecer la esperanza o desmejorar el Amor. Es fuerte, y bien estimulada por el diablo, la presión que todo hombre padece para alejarle de la consideración de su destino eterno. No olvidéis que el pecado -aversión a Dios y conversión a las criaturas, decían los buenos maestros- comienza a insinuarse en el alma, justamente por un interés y por una tendencia desordenados a gozar de los bienes terrenos, a embeberse en las ambiciones de aquí abajo hasta olvidarse de Dios y del fin para el que hemos sido creados. Fijaos que se fomenta un clima mundial, para centrar todo en el hombre; un ambiente de materialismo, desconocedor de la vocación trascendente del hombre, que sofoca cruelmente la libertad de la persona humana o, al menos, confunde la libertad con el libertinaje, comercializando las pasiones. Causa pena contemplar masas enteras de gente que se dejan conducir por el dictado de unos pocos, que les imponen sus dogmas, sus mitos e incluso todo un ritual desacralizado.

Es preciso enfrentarse contra esta tendencia, con los resortes de la doctrina cristiana, en una perseverante y universal catequesis. Es, hijos míos, un elemental compromiso de caridad para la conciencia de un católico. Resulta muy penoso observar que -cuando más urge al mundo una clara predicación- abunden eclesiásticos que ceden, ante los ídolos que fabrica el paganismo, y abandonan la lucha interior, tratando de justificar la propia infidelidad con falsos y engañosos motivos. Lo malo es que se quedan dentro de la Iglesia oficialmente, provocando la agitación. Por eso, es muy necesario que aumente el número de discípulos de Jesucristo que sientan la importancia de entregar la vida, día a día, por la salvación de las almas, decididos a no retroceder ante las exigencias de su vocación a la santidad. Sin este esfuerzo de auténtica e interior fidelidad, decidme ¿qué servicio prestaría la Iglesia a los hombres?

Considerad, hijos míos, que la lucha interior no es una simple ascesis de rigor humano. Es la consecuencia lógica de la verdad que Dios nos ha revelado acerca de Él mismo, acerca de nuestra condición y acerca de nuestra misión en la tierra. Sin esa batalla interior, sin participación en la Pasión de Cristo, no se puede ir detrás del Maestro. Quizá por esto contemplamos una dolorosa desbandada: muchos pretenden componer una vida según las categorías mundanas, con el seguimiento de Jesucristo sin Cruz y sin dolor. Y esto no es posible sin alterar sustancialmente el mensaje de Nuestro Redentor, porque no es el discípulo más que el Maestro (Matth. X, 24) y el discípulo de Cristo ha de estar dispuesto a negarse y a dar la propia vida (Matth. XVI, 24-25) por la salvación de los demás.

11 La lucha interior -en lo poco de cada día- es asiento firme que nos prepara para esta otra vertiente del combate cristiano, que implica el cumplimiento en la tierra del mandato divino de ir y enseñar su verdad a todas las gentes y bautizarlas (cfr. Matth. XXVIII, 19), con el único bautismo en el que se nos confiere la nueva vida de hijos de Dios por la gracia.

Mi dolor es que esta lucha en estos años se hace más dura, precisamente por la confusión y por el deslizamiento que se tolera dentro de la Iglesia, al haberse cedido ante planteamientos y actitudes incompatibles con la enseñanza que ha predicado Jesucristo, y que la Iglesia ha custodiado durante siglos. Éste, hijos míos, es el gran dolor de vuestro Padre. Éste, el peso del que yo deseo que todos participéis, como hijos de Dios que sois. Resulta muy cómodo -y muy cobarde- ausentarse, callarse, diluidos en una ambigua actitud, alimentada por silencios culpables, para no complicarse la vida. Estos momentos son ocasión de urgente santidad, llamada al humilde heroísmo para perseverar en la buena doctrina, conscientes de nuestra responsabilidad de ser sal y luz.

12 Hemos de resistir a la disgregación, cuidando sobrenaturalmente nuestra propia entrega y sembrando sin desmayos, con decisión, con serenidad y con fortaleza, la doctrina y el espíritu de Jesucristo.

Considerad que hay muy pocas voces que se alcen con valentía, para frenar esta disgregación. Se habla de unidad y se deja que los lobos dispersen el rebaño; se habla de paz, y se introducen en la Iglesia -aun desde organismos centrales- las categorías marxistas de la lucha de clases o el análisis materialista de los fenómenos sociales; se habla de emancipar a la Iglesia de todo poder temporal, y no se regatean los gestos de condescendencia con los poderosos que oprimen las conciencias; se habla de espiritualizar la vida cristiana y se permite desacralizar el culto y la administración de los Sacramentos, sin que ninguna autoridad corte firmemente los abusos -a veces auténticos sacrilegios- en materia litúrgica; se habla de respetar la dignidad de la persona humana, y se discrimina a los fieles, con criterios utilizados para las divisiones políticas.

Toda esa ambigüedad es camino abierto, para que el diablo cause fácilmente sus estragos, más cuando se ve que es corriente -en todas las categorías del clero- que muchos no prediquen a Jesucristo y, en cambio, parlotean siempre de asuntos políticos, sociales -dicen-, etc., ajenos a su vocación y a su misión sacerdotal, convirtiéndose en instrumentos de parte y logrando que no pocos abandonen la Iglesia..

13 No olvidemos, hijos míos, que en la vida de cada uno, en la vida familiar y en las costumbres sociales, encontraremos la paz y la justicia en la medida en que se acepte la verdad de Cristo en las conciencias, como luz orientadora para la acción y conducta de los hombres. No se puede imponer por la fuerza la verdad de Cristo, pero tampoco podemos permitir que, con la violencia de los hechos, nos dominen como ciertos y justos, criterios que son una patente deserción del mensaje de Jesucristo: esta violencia se comete por algunos, impunemente, dentro de la Iglesia. Sería una deslealtad y una falta de fraternidad con el pueblo fiel, no resistir al presuntuoso orgullo de unos pocos que han maleado ya a tantos, sobre todo en el ambiente eclesiástico y religioso.

Comprended que no exagero. Pensad en la violencia que sufren los niños: desde negarles o retrasarles el bautismo arbitrariamente, hasta ofrecerles como pan del alma catecismos llenos de herejías o de diabólicas omisiones; o en la que se actúa con la juventud, cuando -¡para atraerla!- se presentan principios morales equivocados, que destrozan las conciencias y pudren las costumbres. Violencia se hace, también diabólica, cuando se manipulan los textos de la Sagrada Escritura y se llevan al altar en ediciones equívocas, que cuentan con aprobaciones oficiales. Y no podemos dejar de ver el brutal atropello que se impone a los fieles, y en los fieles al mismo Jesucristo, cuando se oculta el carácter de sacrificio de la Santa Misa o cuando el dinero de las colectas se malgasta en propagar ideas ajenas al enseñamiento de Jesucristo. Hijos, míos, nunca se ha hablado tanto de justicia en la Iglesia y, a la vez, nunca se ha empleado tanta injusta opresión con las conciencias.

14 Resistir, a esta campaña continuada y nefanda, forma parte de nuestro deber de luchar por ser fieles. Es una obligación de conciencia, ante Dios y ante tantísimas almas. Pensad que abunda una muchedumbre silenciosa, por amor a la Iglesia, que no protesta, que no habla a grandes voces, que no organiza manifestaciones tumultuosas. Pero que sufre por la buena causa y que, con confianza en la Providencia, espera, pasmada y muda, orando sin cesar y sin ruido de palabras, para que la Iglesia de Dios recobre su autenticidad. Los herejes lo saben: así se explica que ni siquiera se ha intentado demostrar que los católicos desean esos cambios, que están variando el rostro de la Esposa de Cristo. Ni existe ninguno capaz de confundir al pueblo fiel con la algarabía de los tumultuosos conventículos revolucionarios, patrocinadores de radicales modificaciones deformadoras e innecesarias, peligrosas e impías, que conducen sólo a rebajar la espiritualidad de la Iglesia, a despreciar los Sacramentos, a enturbiar la fe, cuando no a arrancarla de cuajo.

Nos sentimos obligados a resistir a estos nuevos modernistas -progresistas se llaman ellos mismos, cuando de hecho son retrógrados, porque tratan de resucitar las herejías de los tiempos pasados-, que ponen todo en discusión, desde el punto de vista exegético, histórico, dogmático, defendiendo opiniones erróneas que tocan las verdades fundamentales de la fe, sin que nadie con autoridad pública pare y condene reciamente sus propagandas. Y si algún pastor habla decididamente, se encuentra con la sorpresa -amarga sorpresa- de no ser suficientemente apoyado por quienes deberían sostenerlo: y esto provoca la indecisión, la tendencia a no comprometerse con determinaciones claras y sin equívocos.

Parece como si algunos se empeñaran en no recordar que, a lo largo de toda la historia, los que guían el rebaño han tenido que asumir la defensa de la fe con entereza, pensando en el juicio de Dios y en el bien de las almas, y no en el halago de los hombres. No faltaría hoy quien tachara a San Pablo de extremista cuando decía a Tito cómo debería tratar a los que pervertían la verdad cristiana con falsa! doctrinas: increpa illos dure, ut sani sint in fide (Tit. I, 13); repréndelos con dureza -le escribía el Apóstol-, para que se mantengan sanos en la fe. Es de justicia y de caridad, obrar así.

Ahora, sin embargo, se facilita la agitación con un silencio que clama al cielo, cuando no se coloca a los saboteadores de la fe en puntos neurálgicos, desde los que pueden sembrar la confusión «con aprobación eclesiástica». Ahí están tantos nuevos catecismos y programas de «enseñanza religiosa» testimoniando la verdad de lo que afirmo.

Hijos de mi alma, pidamos a Nuestro Señor que ponga término a esta dura prueba. Mientras tanto, me considero obligado a advertiros de estos peligros, porque hay muchos también que confiesan a Dios con las palabras, pero lo niegan con los hechos (Tit. I, 16): es la actitud de los que, con discursitos espirituales, se buscan una coartada para sus acciones. El resultado es la ambigüedad: actitudes que anulan las palabras; palabras que, por su contradicción con las obras, admiten todo tipo de interpretaciones.

15 Para resistir a esta presión, para perseverar en la buena doctrina, en la piedad y en el apostolado vibrante, hemos de ayudamos unos a otros.

No me cansaré de repetiros que el primer proselitismo, en la Obra, consiste en no dejar que se pierda ninguna vocación; no permitir que los demás se vuelvan tibios, comodones, aburguesados. Hemos de ayudarnos, con la oración, con la mortificación, con el trabajo, con la corrección fraterna, con el cariño de hermanos. ¡Ay del hijo mío que no se diera cuenta de que un hermano está necesitado de ayuda o está en peligro!

Ruego a mis hijos mayores que tengan entre ellos, y con sus hermanos más jóvenes, una caridad vigilante. Hijos míos, animaos a ser leales, que el demonio y las pasiones no se declararán vencidos hasta que nos muramos. Velad, con cariño, unos por otros; que en la madurez, el diablo insiste con asaltos más sutiles y pertinaces, interesado en quebrar vuestra probada fidelidad: ataca vuestra sencilla sinceridad, solicita la vanidad y el orgullo insinuando el espíritu de autosuficiencia, revuelve la sensualidad. Sedme siempre, hijos queridísimos, como ese hombrón-niño del que os escribía y hablaba hace ya tantos años. Dios os pagará esta bendita caridad vigilante con las alegrías de la fecundidad espiritual. No me olvidéis, hijos, que vosotros sois la continuidad; en vosotros confío. No defraudéis a Dios, ni al cariño que os tiene vuestro Padre.

Apoyaos, quereos, fortaleceos unos a otros; sentid la responsabilidad de la vocación de todos. Hagamos el propósito firme de defender la fe tradicional; de no tolerar que se cuelen dentro de la Obra, los gérmenes de ninguna herejía. Es deber de todos preocuparse por la perseverancia de los demás, cuidar de la salud espiritual y doctrinal de la Obra. Auxiliaos para huir de las ocasiones, para guardar los sentidos, para mortificar la curiosidad de la razón, para cumplir amorosamente las Normas, para vibrar en el apostolado.

16 Una medida concreta de prudencia, para rechazar y oponerse a la disolución de la fe y de las costumbres, es sujetarse humilde y gustosamente al condicionamiento que supone evitar determinadas lecturas. Hijos míos, sentid vosotros también el peso de esta responsabilidad, estando en vela. Aceptad con agradecimiento y docilidad las indicaciones de prudencia que os he ido dando, como observa una persona prudente las medidas antisépticas de la autoridad sanitaria, ante una infección que causa estragos en el país. Sed muy fieles en esto. No debemos leer libros de mala doctrina o literatura que disuelve las costumbres.

No os dejéis engañar incautamente por maniobras publicitarias -donde se mezclan razones ideológicas y políticas con motivos comerciales- que tratan de presentar ciertas publicaciones heterodoxas, especialmente si son más o menos marxistas, como algo de valor científico o cultural; e incluso pretenden convencernos de que el conocimiento directo de esas publicaciones es casi indispensable, para una persona de mediana cultura. En algunos ambientes eclesiásticos se percibe actualmente una especie de extraño complejo de inferioridad, ante todo lo que está emparentado con el marxismo. Este complejo, además de denunciar una notable pereza intelectual, evidencia de modo elocuente la debilitación de la fe y la ignorancia o la superficialidad.

17 Desde hace tiempo os venimos proporcionando abundante material de orientación doctrinal: desde documentos de carácter más general hasta indicaciones prácticas muy concretas, para la administración de los Sacramentos, para la disposición de nuestros oratorios, para nuestros estudios de filosofía y de teología. Todo eso constituye también una verdadera pedagogía de la vida cristiana. Se prepara ese material y se os envía, para confirmar a todos en la fe y para extender ese apostolado ad fidem, que debemos realizar ahora incluso en ambientes de gran tradición católica.

Cumplidme esmeradamente todas estas indicaciones, que os vengo señalando periódicamente. Asimilad bien y transmitid esos criterios y esos contenidos doctrinales, que aumentan la capacidad de discernimiento en estos momentos de confusión. A la vez que un poderoso antemural para la defensa del don precioso de la fe y para la integridad de la vida cristiana, son una ocasión de catequesis, de sólido apostolado. Es ésta una labor colosal que nunca debemos descuidar: robustecer las creencias vacilantes de tantas almas, fortalecer la sana doctrina. La fe da lugar a un avance indefinido en la teología; pero los dogmas no varían. La fe es la de siempre, como son los mismos los medios con que contamos los cristianos para hacernos santos.

18 Considerad la advertencia de San Pedro: tenemos un testimonio más firme que el nuestro, que es el de los profetas, al cual hacéis bien en mirar atentamente, como a una antorcha que luce en un lugar oscuro, hasta tanto que amanezca el día y la estrella de la mañana nazca en vuestros corazones, bien entendido en primer lugar que ninguna profecía de la Escritura se declara por interpretación privada. Porque no traen su origen las profecías de la voluntad de los hombres, sino que los varones santos de Dios hablaron por inspiración del Espíritu Santo (II Petr. I, 19-21).

Cada uno de nosotros ha de ser quasi lucerna lucens in caliginoso loco, como un farol encendido, lleno de la luz de Dios, en esas tinieblas que nos rodean. Agradezcamos con obras nuestra vocación de cristianos corrientes, pero con la luz de Dios dentro, para derrocharla y señalar el camino del Cielo. En todo nuestro apostolado, asume importancia primordial la tarea catequística, a todos los niveles. Ésta es la mejor defensa, ante la labor destructora de tantos: es el mejor modo de resistir, a la disolución que están sembrando.

No podemos dormirnos, ni tomarnos vacaciones, porque el diablo no tiene vacaciones nunca y ahora se demuestra bien activo. Satanás sigue su triste labor, incansable, induciendo al mal e invadiendo el mundo de indiferencia: de manera que muchas gentes que hubieran reaccionado, ya no reaccionan, se encogen de hombros o ni siquiera perciben la gravedad de la situación; poco a poco, se han ido acostumbrando.

Tened presente que en los momentos de crisis profundas en la historia de la Iglesia, no han sido nunca muchos los que, permaneciendo fieles, han reunido además la preparación espiritual y doctrinal suficiente, los resortes morales e intelectuales, para oponer una decidida resistencia a los agentes de la maldad. Pero esos pocos han colmado de luz, de nuevo, la Iglesia y el mundo. Hijos míos, sintamos el deber de ser leales a cuanto hemos recibido de Dios, para transmitirlo con fidelidad. No podemos, no queremos capitular.

No os dejéis arrastrar por el ambiente. Llevad vosotros el ambiente de Cristo a todos los lugares. Preocupaos de marcar la huella de Dios, con caridad, con cariño, con claridad de doctrina, en todas las criaturas que se crucen en vuestro camino. No permitáis que el espejismo de la novedad arranque, de vuestra alma, la piedad. La verdad de Dios es eternamente joven y nueva, Cristo no queda jamás anticuado: Iesus Christus heri et hodie, ipse et in saecula (Hebr. XIII, 8).

Por tanto: no os dejéis descaminar por doctrinas diversas y extrañas; lo que importa sobre todo es fortalecer el corazón con la gracia de Jesucristo (Hebr. XIII, 9).

19 Así nos espera el Señor: leales, seguros, con una gran serenidad, con un optimismo inquebrantable, porque sabemos de quién nos fiamos (II Tim. I, 12). Leales, aunque veamos a nuestro alrededor tanta gente que se tambalea, que vacila. Recordad la respuesta de Matatías a la intimación de prevaricar, cuando muchos de Israel se acomodaron a ese culto, sacrificando a los idolos (I Mac. I, 45), y a él y a sus hijos les ofrecían -a cambio de la infidelidad- toda clase de riquezas y de bienestar (hoy ofrecerían, además, una imagen simpática y atractiva, presentándolos quizá a la opinión pública como valientes profetas de nuevos tiempos): aunque todas las naciones que forman el imperio abandonen el culto de sus padres y se sometan a vuestros mandatos, yo y mis hijos y mis hermanos viviremos en la alianza de nuestros padres. Líbrenos Dios de abandonar la Ley y sus preceptos. No escucharemos las órdenes del rey para salirnos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda (I Mac. II, 19-22).

20 Hijos míos: adelante, pues, con fe, con piedad, obedientes, seguros en el Señor. Vayamos detrás de Él con la oración, como la hemorroísa, tratando de tocar la orla de su manto. Jesucristo nos escucha si le pedimos con la fe de aquel pobrecito: si vis, potes … ! (Matth. VIII, 2). Sé bien que, para Ti, Dios mío, los siglos son instantes, pero la pobre humanidad cuenta estos instantes como siglos.

Por los méritos infinitos de Jesucristo, con la intercesión de Santa María -Madre de Dios y Madre nuestra-, confiando en el amor de Dios Padre y en la gracia del Espíritu Santo, repetiremos aquella oración tradicional de la liturgia: ut inimicos Sanctae Ecclesiae humiliare digneris, te rogamus, audi nos!

Empecemos ya a dar gracias al Señor: ut in gratiarum semper actione maneamus, vivamos en una continua acción de gracias a nuestro Dios. Acciones de gracias que son un acto de fe, que son un acto de esperanza, que son un acto de amor. Agradecimiento, que es conciencia de la pequeñez nuestra, bien conocida y experimentada, de nuestra impotencia; y que es confianza inquebrantable -también de esto tenemos experiencias maravillosas- en la misericordia divina, porque Dios Nuestro Señor es todo Amor: y de su Corazón paternal brotan raudales de designios de paz y de gozo, para los hijos suyos. Designios misteriosos en su ejecución, pero ciertos y eficaces. Gratias tibi, Deus; gratias tibi!

Os bendice con inmenso cariño vuestro Padre.
Mariano.

Roma, 28 de. marzo 1973

sábado, 10 de janeiro de 2015

MONS. Mario Oliveri : No entanto, é muito difícil de morrer a mentalidade segundo a qual o Concílio Vaticano II tenha sido quase uma re-fundação da Igreja nos tempos modernos, e que com isso a Igreja tenha feito as pazes com o mundo, se reconciliado com a modernidade...

MONS. Mario Oliveri : No entanto, é muito difícil de morrer a mentalidade segundo a qual o Concílio Vaticano II tenha sido quase uma re-fundação da Igreja nos tempos modernos, e que com isso a Igreja tenha feito as pazes com o mundo, se reconciliado com a modernidade...

“lota unum non praeterebit”. Dom Mario Oliveri apresenta a obra de Romano Amerio. 

Em 1985, a editora Ricciardi publicava um volumoso e acurado estudo de Romano Amerio,  intitulado “Iota Unum – Estudo sobre as variações da Igreja Católica no século XX”. Agora, duas outras editoras anunciaram a reedição desse livro de 656 páginas (“Fede e Cultura” já o fez), e o fato é visto em muitos círculos como de notável significado e interesse. Até L’Osservatore Romano, que na primeira aparição deste estudo não o deu atenção, já mostrou interesse. Antes, o jornal da Santa Sé já havia relatado a significativa informação acerca de um seminário sobre a personalidade e a obra literária, filosófica e teológica pensador de Lugano.


Na primeira aparição do estudo de Romano Amerio, certamente, não foi apenas L’Osservatore Romano quem fez silêncio sobre a obra que tinha sido concebida para fazer refletir, para fazer pensar, para chamar novamente ao rigor de pensamento do intelecto humano. A obra tinha sido ignorada por muitíssimos setores da cultura (sobretudo da cultura religiosa, da cultura teológica), condenada realmente ao silêncio. Ainda, em outros meios, infelizmente, havia sido preconceituosamente marcada como escrito anti-conciliar, típico exemplo de uma rejeição do novo pensamento, da nova era, do novo Pentecostes, da nova primavera do espírito; fruto de uma “mens” que se admira que por um incessante novo pensar nasça necessariamente uma nova ação, um novo modo de agir, e assim baseia toda a missão da Igreja (se a Igreja tem de si mesma uma nova concepção – e este era naquele tempo o modo de pensar dominante de muita literatura que se apresentava como católica – se do Concílio é nascida uma nova eclesiologia, por que não acolher uma nova pastoral, novos métodos de ação dentro de tal nova Igreja, por que não aceitar um pensamento que sempre se renova, que sempre se auto-cria, que gera uma contínua mudança na ação, um progresso indefinido, em direção a algo que permanece sempre necessariamente indefinido?).LER...

terça-feira, 30 de dezembro de 2014

MARY: A world which lives by faith understands that no one can hold on to today. No one can build a permanent earthly city.


Our Lady of Fatima

10. A Summary of Teaching

  
Mary 
I have raised up these locutions and in these few years, many have seen their value.  This was to prepare their hearts and show them that my words will guide them.  Filled with this light, they know much about human history.  I have clearly taught the following:
  1. Human history is a battle for souls and cannot be understood merely by reason.
  2. This battle is between light and darkness. The great victory of Jesus took place on the cross.
  3. For 2000 years, Satan has regrouped his forces and has put his plan in place through human beings who cooperate with him.
  4. I foresaw that this battle would come to its greatest moments, so I appeared at Fatima to defeat Satan.
  5. This defeat has obviously not happened because the responses to my requests were not lived out, causing the world to be plunged into a greater war and then constant conflicts.
  6. Mankind is now entering a very dangerous time.  The 100th anniversary of Fatima is a signal moment.  Keep your eyes on that date.  It can still be a moment of great victory.
  7. I will continue to speak each day in the coming year.  I will not hold back my words.  My people need to know the secrets of my heart and its desires.
Now, I must take you on a new path, a road of strength and fortitude, a road of firmness and fidelity. 
Comment:  Our Lady sums up her recent teachings.



9. Opening the Fatima Gift


Mary
In the beginning, many will be confused wondering why many opportunities have been cut off.   This is the first stage.  Then, they will see that the wounds to society are even deeper and that life itself is endangered.  This will be the progression of events in the next few years leading up to the 100 years of Fatima revelations.
Mankind need not walk that path.  Another is available, a true path to peace, the path of Fatima.  All must read the story of the three children, of the appearances and of my requests.  There is also the great promise, “In the end, my Immaculate Heart will triumph”.  It will be late, but Russia will be consecrated.
Do not wait.  Consecrate yourself and your family.  Read.  Learn.  Live the Fatima message.  Fatima is God’s gift, the short cut, the easy way.  Fatima is filled with my love and my tenderness.  I visited the earth to protect you.  I spoke so you might listen.  I gave signs so you would believe.  I did all of this for you.  Please, open my Fatima gift.
Comment:  The Church must fully open the Fatima gift but you can open your gift immediately.

8. The Blessings of the 100th Anniversary


Mary
As the new year begins, the events will happen slowly.  Most important, people will not recognize their importance or how these events prepare the way for others.  The events will be new and surprising sources of unrest and breakdowns.
Even as it becomes evident that this new reality will not pass quickly, people will still not grasp the importance of this year.  Only toward the end of the year will the events take place that will seriously change the existing structures.  Even in these cases, people will not see clearly.  They will believe that the change is temporary and can be rolled back.
Only as the year ends, will people see the decisiveness of these events.  Even here, their full force will not have been released, for there will be the years leading up to the 100th anniversary of Fatima.
I continually see these coming years in the light of that anniversary.  A while ago, the world focused on 2000 and the new millennium.  Human life moved into the new millennium without any serious change.  The 100th anniversary of Fatima will be quite different because I will not abandon my children or my Church.
Comment:  Our Lady speaks of new difficulties that are ahead as well as the special blessings of Fatima in 2017.

6. New Powers Flooding Forth


Mary 
Some powers that shake the existing order have already been released.  These prepare the way.  They occupy and distract mankind who then cannot see the greater difficulties which lie ahead.  Currently, the world focuses upon the external threats of terrorism and Russia, while totally ignoring the internal problems of morality, abortion (which kills far more than all the terrorists) and spending.
2015 will see not just the continuation and expansion of the 2014 problems, but new powers that break forth.  These are more internal to economic systems and the daily life, new leaks and new breakdowns in society, new divisions among people.  Governments will be exhausted, unable to adequately respond.  The 2014 strains upon their resources will have weakened their ability.
All will stretch and stretch until the resources cannot stretch any more.  At that moment, comes the breakthrough, the flooding where no one suspected, for who can foresee the path of a flood?
What voices will be raised to give light.  Who will be able to guide the world on these dark hours?  In this very darkness, my light will shine.  Do not wait.  Time spent in devotion prepares the soil.  The effects in coming together in my name are indispensable.
Comment:  Our Lady does not speak of external causes but internal difficulties built into our systems.

5. The Spurned Gift of Fatima


Mary 
As the days and the months stretch forth, the mysteries will be seen by all.  In the next few years, leading up to the 100th anniversary of Fatima, all will be revealed.  The mysteries of evil buried within human history and human hearts will slowly come to the surface.
In the beginning, many will see these events in the old perspective.  However, as they continue to surface, the eyes of many will be opened, especially the eyes of the Church and of the Holy Father.  It is no coincidence that these events will occur as the anniversary approaches.
Should not this 100th anniversary (1917-2017) be a great time of rejoicing, a time when the Fatima gift is poured out in its fullness?  That was my plan.  This entire century was meant to be 100 years of blessings, all leading up to the anniversary.  A blessing that has been rejected becomes an accusation. A gift spurned becomes a great issue.
If the Church and the world had only listened, if they had fully welcomed the Fatima gift, there would have been no World War II, no atomic bomb, no arms race, no Cold War.  Russia would have been converted.  A great period of peace would have begun and the whole world would know that the 100th anniversary would become a time of the greatest blessings.
Now, the anniversary looms on the horizon as an unfulfilled promise, rejected by those who should have had faith.  What will I do?  What will happen in these next 2 ½ years?  This is not settled.  However, the quicker the Church fully responds to Fatima, and as devotion to the Woman Clothed With the Sun multiplies, the blessings will come.  Otherwise, Fatima remains a gift that is still rejected.
Comment:  Our Lady gives a clear timetable, an explanation of the causes of twentieth century 
destruction and a path to peace.

4. One Hundred Years of Fatima


Mary
When the waters burst forth, who will tell them where to go?   They will have a mind of their own, going where Satan has plotted for so long.  They will be released at different times and different places.  Such will be the coming year of 2015.
I will plot out this year for you.  In the early months, new flood waters will break through.  There will be human responses that seemingly work for a time limiting the effects.  It is only in the latter months of the year that the great floods come and continue for the first half of 2016.
By July 2016, the world will see what has happened.  On July 13, 2016 will begin the one hundredth year of my speaking about the consecration of Russia.  How important will be that year, leading up to the one hundredth anniversary of my appearing at Fatima (2017).
As these flood waters rise, let the voice of Fatima grow louder in your ears.  What other voice should you listen to?
Comment:  To speak and not to be heeded for 100 years is being very patient.



Mary       
See what springs forth, surprising waters which no one can imagine.  These waters are still hidden and can only be explained when they come to light and are seen by all.  I do not hold back my words but speak as clearly as possible.
2014 has been a year of turmoil, of the appearance of many evils.   However, life has continued on.  The struggles are confined to certain areas of the world or to certain parts of society.  The protecting walls built by man to assure a normal life have remained in place.  There have been no breakthroughs.
2015  will be quite different.  Even in the first six months of the year, new and different events will break through.  However, not to the extent that life is totally disrupted.  It will seem like these problems have been adequately responded to so that normal life can continue, even though limited.
In the Fall, however, the great problems will break forth and all will see that human life has seriously changed.  This will be the mood as the year comes to an end.
All of these events will serve a purpose.  They will awaken the Church that it needs my help and those voices which have been declaring that the messages of Fatima must be studied more closely will be given a greater hearing.
Comment: 2015 will awaken the world to the importance of Fatima.

2. Manifesting Her Presence


Mary
All history is in my hands.  I know the movements of every heart and of every event.  I see all that has happened and all that will happen.  Nothing is determined.  Events are shaped by human decisions.  This was God’s plan from the beginning.
I am not a passive spectator, who merely watches the drama unfold.   I am the Woman Clothed With the Sun who has power to intervene.  I am part of human history.  I was born into the world and lived in the world as everyone else.
My role now is more extensive and, in the Father’s plan, I must assume greater and greater responsibilities for the safety and protection of humanity.  I have been announcing this plan for years but now it its taking place, right before your eyes.
As one event leads to another, as one problem begets greater ones, you can see the importance of my coming on the scene, of making myself known, of lifting up my special son and of manifesting my presence all over the world.
Right now, I am only interested in you, the reader.  I have led you to these locutions and I want to give you extraordinary blessings.   Others, who do not know me, will receive later.  You will receive now.  You do not understand everything but you want to receive.  You have read all of my promises.  You have studied my ways.  Most important, you believe.  Why should I delay? You are prepared to receive.
Close your eyes.  I am with you.  Experience my presence.  Do not move.  Stay still until the gift is complete.  Repeat this often.  Each time, I will act more deeply within you.
Comment:  Our Lady does not wait.  You, O reader, are ready to receive.  Do so, again and again.

1. Today Vanishing Into Tomorrow


Mary
Human life takes place within time.  One moment opens out into the next in an endless series.  No one can stop this process because God has created time.  Man, therefore, is helpless.  He can record time and assign a date to today, but he cannot stop today from vanishing and giving way to tomorrow.
A person who appreciates the passing nature of earth and the short moment of every life can grasp what I am saying.  A world which lives by faith understands that no one can hold on to today.  No one can build a permanent earthly city.
A world without faith is foolish and spends all of its time trying to build permanency upon the shifting sands of time.  Satan uses this foolishness to build his cities and gather his armies.  He has brought human history to this point where humanity has left behind the light of eternity and has chosen the darkness of time.
How many false beliefs flow from this foolishness, as if time heals all wounds, or that problems will be solved in due time, or that time is a cycle in which darkness is always followed by light and problems always have solutions.
My message is clear.  Time is not an inevitable cycle.  Time is a story, with man’s free will playing an important role.  Time is a road and man has chosen the road of darkness.  The light does not come automatically, like day following night.  At this present time, humanity is walking a road that is so dark, it will lead to permanent and disastrous changes to earth I cannot and will not allow that to happen but man must stop thinking about the passing goals of time and begin to seek the changeless riches of eternity.  To act otherwise is complete and total foolishness.  The greatest fools are the rich and the powerful.
Comment:  Man’s thinking is totally confused when he takes no account that everything on earth passes away.

7. The Moment of the Great Battle


Mary
The army of darkness gathers on the horizon.  However, the daylight has not yet arrived and they cannot be seen.  This allows the forces of evil to spread out according to their plan.  They take strategic positions so that when the attacks begin there will be no escape.  They will capture and control.  Their goal is to inflict sufferings upon mankind, so that despair and helplessness seize the hearts of all.  In this way, their victory will be more complete.  They know what they wish to accomplish.  They want to cut mankind off from the Creator and to cast everyone into disbelief.  They are not interested in capturing material earth but in claiming immortal souls.
They want to destroy man’s spirit and cut him off from his life-giving relationship to Jesus and the power of the resurrection.  Once that occurs, he will have successfully overcome the defeat he suffered when Jesus died on the cross.  How he has waited for this moment!  Through all the ages, he has planned this.  Anyone believing that these are normal times and normal problems, is deceived.  This is the moment of the great battle, when Satan uses his entire army.  The battle will be fierce.  The struggle an immense one.  The victory great; but only with my help can anyone be saved.
Comment:  Wake up!  Future events will not just be the usual problems.  A spiritual war will break out with grave consequences for human history.